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Reforma tributaria

Luego de desplegar un amplio abanico de opciones para llevar a cabo una reforma impositiva progresiva, Alfredo Iñíguez, economista de AEDA, alerto lo siguiente. “El actual esquema tributario tiene como origen una derrota tremenda del campo popular en manos de la dictadura y luego con la hiperinflación”. Junto con otros especialistas en ese campo discutieron la necesidad de una reforma tributaria y analizaron la situación fiscal actual.

“Sólo una de estas medidas generó una crisis política que puso en vilo al Gobierno”, Jorge Gaggero, del Plan Fénix, criticó el impuesto al cheque, las exenciones de Ganancias y la firma de acuerdos de intercambio de información con paraísos fiscales, mientras que Luciana Díaz Frers, del Cippec, resaltó el estancamiento del gasto en el primer semestre y advirtió sobre un escenario de “fragilidad fiscal”.
 Díaz Frers mostró que en términos consolidados el gasto público sobre PBI está en el orden del 45 por ciento, y que la presión tributaria nacional está en el 32,1 por ciento, empujada por el aumento en la formalidad en los últimos años, más que por nuevos impuestos. “Lo vemos como una oportunidad para cubrir derechos. Sin embargo, el uso de reservas y de los recursos de la seguridad social instalan dudas sobre la sostenibilidad fiscal”, manifestó.

Jorge Gaggero consideró que “el alto nivel de presión tributaria es una estrategia correcta”. Advirtió, por el lado del gasto, sobre los subsidios a “empresas y familias que no los necesitan”. En relación con la situación de las provincias, la investigadora del Cippec dijo que a partir del crecimiento económico y de la presión tributaria, en porcentaje del PIB, aumentaron los recursos que reciben esos distritos, aunque la Nación se benefició más en términos relativos.

Explicó que las provincias que reciben regalías tienen mayor fortaleza, a diferencia de aquellas que dependen de la coparticipación. Para Gaggero, “el problema de la construcción federal se resuelve con negociación, es patético que la Corte Suprema deba mediar en esta cuestión”.

En cuanto al sistema tributario, el economista del Plan Fénix manifestó que tiene un “sesgo antiproductivo y hacia el consumo de los sectores de altos ingresos y de bienes importados. La equidad del sistema ha mejorado, pero seguimos estando por debajo de los valores de 1974. Es un lastre enorme”

Díaz Frers pidió que en relación con el Impuesto a las Ganancias se actualice el mínimo no imponible por la variación de precios mayoristas y también modificar los tramos, aunque recordó que “como mucho sólo el 18 por ciento de la población con ingresos paga ese tributo”. “Un sistema tributario que tiene como excepción a todas las fuentes de ingresos que tienen los ricos, favorece la acumulación especulativa. Es una señal contradictoria”, criticó Gaggero con relación al Impuesto a las Ganancias. En esa línea ubicó también al impuesto al cheque, que “es regresivo, afecta la competitividad y la bancarización”.

Por su parte, Iñíguez destacó que “desde 2003 la estructura tributaria se modificó, a pesar de no haber habido grandes cambios. En los ’90, el 53,8 por ciento de la recaudación venía dada por impuestos sobre el consumo, mientras que ese ratio bajó al 34,5 por ciento en 2010 y 2011”. La diferencia la aportan las retenciones, mayormente. De todos modos, abogó por una reforma general. Propuso crear un impuesto a la herencia y un tributo extraordinario a la propiedad de la tierra.

Indicó que se deberían gravar activos financieros y propuso mayores exenciones sobre el impuesto al cheque. En cuanto al Impuesto a las Ganancias, pidió reducir la alícuota mínima, aliviar los tramos, subir la alícuota máxima, elevar el mínimo no imponible e incluir una deducción por alquileres. Sobre el IVA, sugirió que sean mayores los reintegros para compras con determinados bienes con tarjeta y a los perceptores de planes sociales.

 

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