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El freno que produce el impuesto a las ganancias

De lo que no se habla es del “freno de mano” que produce la actual estructura impositiva, sobre la cual es necesario debatir en profundidad.

Mucho se discute sobre si la economía argentina crecerá o no, y cuánto, en 2012 y años siguientes. Es impostergable reducir la evasión a su mínima expresión, y más que medir su porcentual, correspondería analizar los motivos y corregir el rumbo.

El impuesto nacional por excelencia —esencial e indispensable– debe ser el impuesto a las ganancias. La mayor parte de la recaudación debería provenir de este gravamen, en línea con las recomendaciones internacionales.

Por su parte, el IVA, concebido para ser trasladado al último eslabón de la cadena, es decir al consumidor, posee deficiencias estructurales que producen efectos económicos perniciosos sobre todos los sujetos inscriptos.

El impuesto a los bienes personales no resiste análisis alguno. Somos pioneros en el mundo con este gravamen que no contempla deudas, salvo excepciones. La duplicación con impuestos inmobiliarios es preocupante, y su tasa alcanza el exorbitante 1,25%.

Sus cuestionables regímenes de retención y percepción constituyen otro aditamiento distorsivo en la actividad económica. Además, la tasa del 21% resulta excesivamente elevada y tienta a los operadores a evadir la carga fiscal. Las frecuentes incertidumbres en la aplicación de la tasa reducida con llevan sanciones inconducentes a los responsables, amén de saldos favorables de difícil o imposible recupero, según los casos.

El denominado impuesto al cheque se cobra con independencia de la rentabilidad producida por el negocio vinculado, incluso sobre el IVA que integra el precio de la operación. Su pago a cuenta del impuesto a las ganancias es mezquino e insuficiente. La acentuada inequidad entre quienes adquirieron bienes antes de la debacle del 2001 y quienes lo hicieron luego es alarmante.

A todo ello se suman las tasas dispuestas por provincias y municipios, cuyos valores están desnaturalizados ya que en muchos casos se contempla la capacidad de contribuir de los usuarios en vez de aplicarse el principio del beneficio por los servicios que debieran retribuir.

En algunos casos, el incremento respecto de 2011 fue del 100%, configurándose un aumento del 1% al 2% de las ventas de insumos para el agro, mientras que la carga que pesa sobre los alquileres y arrendamientos en la Provincia de Buenos Aires pasó del 3,5% al 6% sobre el total del ingreso, lo cual implica un 70% de incremento.

Los derechos de exportación, o “retenciones”, constituyen un verdadero impuesto a los ingresos, con porcentuales de hasta un 35%, y sus gastos de producción son afrontados por quienes extraen de la tierra los productos primarios. Dicha actividad es especialmente castigada sin fundamento alguno, ya que la moneda extranjera por efecto de la inflación, hoy tiene una cotización inferior a la paridad de 1 a 1 que supimos tener.

Los incrementos exponenciales previstos durante 2012, tanto del impuesto inmobiliario como de los ingresos brutos, erosionarán en gran medida la renta de los contribuyentes. Las diferentes jurisdicciones, ávidas de fondos para hacer frente a sus compromisos, siguen castigando a sus contribuyentes.

Se plantea la aplicación del ajuste por inflación para medir los resultados de manera real; la vuelta al impuesto sobre los beneficios eventuales, cuya tasa razonable era del 15% para transacciones de venta de inmuebles; la aplicación de una menor tasa de impuesto a las ganancias para pymes; la eximición de impuestos patrimoniales a empresas que inicien sus actividades por varios periodos hasta su efectiva capitalización de rentas; la posibilidad de efectuar deducciones directas de inversiones en el impuesto a la renta y diferenciar los porcentuales de impuesto a las ganancias en función de que la utilidad obtenida se reinvierta o se distribuya.

 

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